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miércoles, 20 de mayo de 2009

Vía Verde del Tajuña. Recomendada





"VÍA VERDE" es una marca registrada por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles (FFE) en la Oficina Española de Patentes y Marcas en 1994, cuyo uso está legalmente restringido a los itinerarios que discurren sobre antiguas infraestructuras ferroviarias.

Desde la primavera de 1999, la Comunidad de Madrid cuenta con su primera Vía Verde. Sobre el trazado del antiguo tren de Arganda, ciclistas y caminantes pueden ya recorrer 49 Kilómetros por la Vega del Tajuña, disfrutando de un paisaje que, muy cerca de Madrid, todavía conserva un agradable sabor rural y al que, se puede llegar en Metro.

Ésta , como el resto de vías verdes, tiene su historia, pretendiendo unir Madrid con Aragón pero se quedo a medio camino. Su Ficha Técnica nos hace ver que a pesar de sus 49 km es una vía muy accesible a todos los públicos con la ventaja que se puede acceder a ella en metro desde el centro de Madrid, como podemos ver en el Mapa , además de haber otras líneas de autobuses que te acercan desde los municipios de la vía hasta la estación de Conde Casal.

Si se comienza la ruta desde Arganda del Rey la vía tiene una tendencia descendente, aunque como vemos en el perfil altimétrico el desnivel no es muy fuerte y se puede empezar desde el final, ya que no entraña la menor dificultad.

Os recomendamos esta ruta en primavera cuando el clima es suave, los campos de cultivo de cebada están verdes, y el resto lleno de amapolas y flores silvestres que llenan de color el trazado.





domingo, 21 de diciembre de 2008

Aranjuez. Visita Recomendada



Ver mapa más grande
Hace un par de semana, casi a punto de finalizar el otoño visitamos el Real Sitio de Aranjuez, localidad madrileña situada a 40 minutos de la capital en tren de cercanías que sale de la estación de Atocha. A la llegada a la estación de Aranjuez, parece que allí no hay más que antiguas fábricas abandonadas, con un aspecto un poco tétrico, y una parada de autobús con un vehículo esperando para llevarte al centro de la población. El recorrido desde la estación hasta el palacio es de unos 15 minutos aproximadamente, pero por un camino de arena al lado de una carretera en absoluto adaptado a personas con discapacidades, pero agradable por estar cubierto de árboles en todo su recorrido.

El llegar al palacio comienza a cambiar la primera impresión que tuvimos en la estación. Aquí los espacios son amplios y los edificios están relucientes. Además hay un puesto de información turística a la derecha de la fachada del palacio, donde nos atendió una chica encantadora de esas que parece no importarle trabajar en domingo, a la que agradecimos no sólo la información sino su sonrisa.

Nuestra intención principal no fue la de visitar el palacio, pero si la de pasar un día fuera de Madrid,  y la verdad que acertamos. No era día de esfuerzos ni físicos ni mentales, y omitimos la visita al palacio principalmente por la cola, y fuimos directamente a los Jardines del Parterre. Bajo la galería que une la residencia real con la Casa de Oficios se abre una pequeña puerta que da acceso al Parterre. Ante la fachada meridional de Palacio, la única que se remonta al siglo XVI, está el Jardín del Rey, que es un ejemplo modelo del "Jardín cerrado,, adornado con estatuas, síntesis de la herencia mudéjar y de las influencias renacentistas italianas, tan usual en los Palacios Reales españoles de los Austrias.

A continuación y siguiendo una el río llegamos a los Jardines de la Isla. La fachada norte del Palacio está separada del Jardín de la Isla por una ría enlosada, que se ensancha en abanico formando la Cascada llamada de las Castañuelas, obra de Bonavía. La ría se puede atravesar por dos puentes - uno, con escalones, data de 1733 - el otro surgió en principio como simple boca de las compuertas que dan entrada al agua del Tajo, pero luego se habilitó encima una rampa para que entrase en el Jardín la carriola de la Reina, tal y como aparece en los cuadros de Battaglioli que muestran las fiestas de Farinelli. Para acceder a la isla es más evocador bajar por el puente escalonado, que se une al bello conjunto barroco de la fuente de Hércules, con sus estanques y pasarelas del siglo XVII.

Tras estas dos visitas decidimos hacer un descanso para comer, y llegamos a dar un bar de raciones, muy elaboradas además de deliciosas, y buen precio que se llamaba EL BARIN, para continuar por la tarde, y aprovechando la caminata bajar la comida del todo, un paseo de dos horas, hasta que oscureció por los Jardines del Principe. Creado por Carlos IV, quien lo inició siendo todavía Príncipe de Asturias y lo concluyó siendo Rey, entre 1789 y 1808. Contrapuesto al de la Isla, es un Jardín paisajista que sigue la moda inglesa y francesa de fines del XVIII, pero conviene no olvidar que en él se integran elementos anteriores, como la huerta de la Primavera y el embarcadero de Fernando VI, y lo hecho por Carlos IV no es uno sino varios jardines.

Las sensaciones de esta visita son más que satisfactorias, El Jardín del Príncipe es espectacular, con variedad de especies vegetales, y también animal, principalmente aves, entre ellos pavos reales, que dan una aire de suntuosidad al paseo, también hay ardillas.

Es cierto que nuestra visita fue un poco tarde ya que a principio de otoño con la variedad de color en los árboles, y las hojas comenzando a caer, al igual que en la primavera con la vegetación floreciendo debe ser fascinante.

Si queréis más información podéis encontrarla en el siguiente link:  Aranjuez Monumental


domingo, 9 de noviembre de 2008

Via Verde del Alberche. Ruta NO Recomendada





Habiendo tomado prestados de una biblioteca los dos volúmenes de Vías Verdes editados hasta el momento, nos decidimos ha realizar una con una longitud media, y que tuviese un buen acceso desde Madrid.

Nos decidimos por la Vía Verde del Alberche, debido a que salen autobuses regularmente desde la terminal de Príncipe pio hasta San Martín de Valdeiglesias. Una vez allí nos sorprendemos con la NO señalización de la ruta, además del desconocimiento por parte de los lugareños si la denominamos de esta manera, y debemos usar el término, antiguas vías del tren.

El camino desde San Martín de Valdeiglesias a Pelayos de la Presa, se puede hacer, que no es poco. Nosotros lo hicimos a pie, pero casi no puedes disfrutar de la naturaleza debido a que al camino tienen acceso, coches, motos de cross, y quads, es decir, un atentado para la naturaleza. Por si no fuera suficiente está lleno de cotos de caza por lo tanto se oyen disparos, y hombres ataviados con la vestimenta típica de cazador llevando animales muertos colgados del cinturón.

Al llegar al pueblo de Pelayos de la Presa la vía desaparece, hemos preguntado, andado y rebuscado, pero a pesar de las dos horas intentado buscar la continuación de la vía hasta  Picadas, ha sido imposible por lo que hemos desistido y vuelto para Madrid.

No recomiendo a nadie esta ruta, porque no está indicada, no está conservada, bueno, mejor dicho está llena de basura, y sinceramente no merece la pena en absoluto.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Real Jardín Botánico Madrid



Si estás cansado de museos cerrados, llenos de salas y de un silencio hermético, deberías lanzarte a conocer otros aspectos de las ciudades que pueden ser igual de interesantes y cognitivos que las mejores galerías de arte. Para ello os propongo una visita al Real Jardín Botánico de Madrid. 

El Jardín está situado al comienzo del Paseo del Prado, en concreto entre el Museo Reina Sofía y el Museo del Prado. Quizás sea el descanso que necesitan tus ojos entre uno y otro, el lugar donde comer tu bocadillo, entre miles de fragancias y olores, entre colores, texturas, y formas diversas, que nos pueden ayudar a acercarnos a la botánica, conociendo gran cantidad de especies sin salir del mismo centro de Madrid.

El precio de la entrada es únicamente de 2€, y si vais en un grupo de más de 10 personas, podéis entrar por el módico precio de 0.50 €. 

La visita se pueda hacer por cuenta propia, o contratando una visita guiada. Recomiendo contratar el guía porque son personas muy preparadas que conocen perfectamente el jardín, explican de una manera totalmente didáctica las especies del botánico, y sus contenidos son extrapolables al día día.

Un poco de historia:

El 17 de octubre de 1755, Fernando VI ordenó la creación del Real Jardín Botánico de Madrid, que se instaló en la Huerta de Migas Calientes, en las inmediaciones de lo que hoy se denomina Puerta de Hierro, a orillas del río Manzanares. Contaba con más de 2000 plantas, recogidas por José Quer, botánico y cirujano, en sus numerosos viajes por la Península u obtenidas por intercambio con otros botánicos europeos.

A partir de 1774, Carlos III dio instrucciones para su traslado al actual emplazamiento del paseo del Prado, donde se inaugura en 1781. Sabatini -arquitecto del Rey- y Juan de Villanueva al que debemos el Museo del Prado, el Observatorio Astronómico y otras obras- se hicieron cargo del proyecto.

En esos años se construyeron las tres terrazas escalonadas, se ordenaron las plantas según el método de Linneo -uno de los botánicos más importantes de la Historia- y se construyeron también la verja que rodea el Jardín, los emparrados y el invernáculo llamado Pabellón Villanueva -en el que se encuentra la cátedra donde impartió sus clases Antonio José Cavanilles.

Desde su creación, en el Real Jardín Botánico se desarrolló la enseñanza de la Botánica, se auspiciaron expediciones a América y al Pacífico, se encargaron los dibujos de grandes colecciones de láminas de plantas y se acopiaron importantes herbarios que sirvieron de base para describir nuevas especies para la Ciencia.

En 1808, la Guerra de la Independencia trajo al Jardín años de abandono y tristeza, en los que son destacables los esfuerzos de Mariano de La Gasca por mantenerlo dentro de las corrientes científicas europeas.

En 1857, siendo Mariano de la Paz Graells director del Real Jardín, se realizaron reformas importantes que aún perduran, como el invernadero que lleva su nombre y la remodelación de la terraza superior. También en época de Graells se instaló un zoológico, que doce años más tarde, siendo ya director Miguel Colmeiro, se trasladó al Jardín del Buen Retiro.

En la década de 1880 a 1890, el Jardín sufre importantes pérdidas. En 1882 se segregan dos hectáreas para construir el edificio que actualmente ocupa el Ministerio de Agricultura, con lo que su superficie queda ya reducida a las ocho hectáreas actuales. En 1886, un ciclón derribó en su recinto 564 árboles de gran valor.

En el primer tercio de nuestro siglo se inician con seriedad las investigaciones en el campo de la micología, y adquieren un elevado nivel las desarrolladas en el de la micromicetología.

En 1939, el Real Jardín Botánico pasa a depender del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

En 1942 es declarado Jardín Artístico.

En 1974, tras décadas de penuria y abandono, fue cerrado al público para abordar profundas obras de restauración, que acabaron devolviéndole su estilo original.

En 1981, coincidiendo con el bicentenario de su traslado, fueron inauguradas las reformas por SS.MM. los Reyes de España.

En 1993 SS.MM. los Reyes inauguraron el moderno invernadero de exhibición.

Organización del bótanico:

Terraza de los Cuadros
En ella se presentan las colecciones de plantas ornamentales, medicinales, aromáticas, endémicas y de huerta reunidas alrededor de los fontines. En el extremo sur del paseo central se encuentra la rocalla.

Terraza de las Escuelas Botánicas
En esta terraza se sitúa la colección taxonómica de plantas. Éstas se encuentran ordenadas por familias y filogenéticamente, alrededor de doce fontines. Se puede recorrer el reino vegetal desde las plantas más primitivas a las más evolucionadas. 

Terraza del Plano de la Flor
Esta parte del Jardín ofrece una variada representación de árboles y arbustos, distribuidos en figuras rodeadas por setos de durillo. Fue remodelada a mediados del siglo XIX, durante la dirección de Mariano de la Paz Graells. Se construyeron en esta etapa el estanque y busto de Linneo, y al extremo norte, el invernadero también llamado de las Palmas. En el centro de esta terraza se encuentra el Pabellón Villanueva, edificado en 1781 como invernadero. Está bordeado por un emparrado de hierro forjado, construido en 1786, poco después de la inauguración del Jardín.

Invernaderos
El Real Jardín Botánico cuenta con dos invernaderos divididos en cuatro estancias. El más moderno, el de Exhibición, tiene tres compartimentos de exigencias climáticas bien diferenciadas: tropical, templado y desértico. Este invernadero emplea energías totalmente limpias y se maneja con un sistema informático. Los distintos sensores envían la información a un ordenador y éste da las instrucciones para que todo funcione de modo automático. El Invernadero de Graells es una estructura del siglo XIX, donde se exhiben actualmente plantas tropicales, acuáticas y briófitas.